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A pesar de ir en unos miserables patines, este héroe de acción logra acabar con todos los malos en medio de tremendas explosiones. Cuídate, Chuck Norris.

Gracias, Antonio





El director Fernando Livchitz compone una coreografía con carros y peatones, siempre a punto de colisionar. Apropiadamente lleva el título de Rush Hour (Hora Pico).

Podríamos ver este video todo el día.





En lugar de balas, esta arma nerd dobla y dispara aviones de papel. Según dice su creador, la fuerza la proporciona un destornillador eléctrico y la mayor parte de las piezas se hicieron con una impresora 3D.





Esperar un bus en Bogotá en hora pico es una travesía comparable a cazar un monstruo. Hay que buscarlo en el horizonte con la mirada, esperar con paciencia a que se aproxime y a veces correr detrás de él para alcanzarlo.

Por suerte, esa aburridora rutina se vio interrumpida por unas inesperadas vacaciones, que sin saberlo me dejarían ir detrás de un monstruo completamente distinto, a mil doscientos kilómetros de distancia. Es bueno ser blogger.

Gracias a Multivacaciones Decamerón pude hospedarme por primera vez en su hotel de Punta Sal, Perú. Siempre había leído con escepticismo las palabras “todo incluído” en las vitrinas de las agencias de viaje, pero pude comprobar que en realidad no tuve que gastar ni un peso, ni un nuevo sol durante el viaje.

El hotel es muy nuevo, sólo tiene dos años, según me contaron los empleados, y está a dos horas del aeropuerto de Tumbes, a orillas del mar y en medio de un desierto. Aislamiento total.

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Llegada al hotel. #hyperlapse

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Nos dieron tratamiento de socio, es decir, con más servicios que el todo incluído. Obtuvimos atención preferencial, Internet y reservas en los restaurantes. Like a boss. Rara vez me he dado el gusto de comer tan rico y abundante. La comida peruana, por supuesto, es ilimitada y una de las razones para querer volver cuanto antes.

El paisaje es dominado por una gigantesca piscina frente al mar. El Decamerón ofrece toda clase de actividades de descanso o recreación, por lo que perfectamente podríamos quedarnos sin salir de ahí, pero por casualidad nos enteramos de que llegamos en plena temporada de ballenas. ¿Quién podría desaprovechar esa oportunidad?

2014-09-15 09.09.07

Reservamos el tour de Pacifico Adventures, una empresa de jóvenes biólogos marinos muy bien organizada. Sus barcos son grandes y seguros, y los guías nos dieron muy buena información durante todo el viaje.

Pocas veces había valido tanto la pena madrugar. El viaje mar adentro estuvo movido, por lo que agradecí la recomendación de que no comiéramos hasta finalizar el viaje. Mirábamos para todos lados y cualquier ola nos hacía imaginar una ballena.

Nos advirtieron que, aunque los días anteriores se había podido hacer el avistamiento, era posible que el viaje terminara sin poder ver un solo gigante marino.

De pronto, todos empezamos a señalar hacia un lado. Primero, un chorro de agua saliendo del espiráculo y luego el gigantesco cuerpo de una ballena jorobada saliendo a unos doscientos metros. Era mejor desistir de intentar capturarla con la cámara y mejor tratar de fotografiarla con los ojos.

Durante varias horas se repitieron las tímidas apariciones sin que nos cansáramos de verlas. De pronto, tras la comunicación con otro barco el nuestro aceleró a toda máquina hacia el sur.

Varios minutos después entendimos el por qué de tanto afán. Una ballena adulta y su cría estaban dando un espectáculo de saltos, a veces sacando todo el cuerpo del agua y salpicando frente al segundo barco. Una experiencia imposible de olvidar.

Hay cacerías de monstruos que sí valen la pena.







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