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No todo lo que brilla es oro

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De repente ella, que estaba medio dormida, sintió que él la acariciaba. Primero fueron caricias tímidas periféricas, como si tuviera pudor, luego las caricias fueron subiendo de tono, cada vez más, por todo su cuerpo sus manos la recorrían de arriba abajo como hacía años no pasaba, disfrutó en silencio ese recorrido por su piel, le parecía algo inesperado.Sensaciones que creía olvidadas volvían. Su cerebro recordaba y ayudaba. Las caricias se amontonaban y repetían, él la levantaba, le daba vuelta, ahora todo aquello era un torbellino de sensaciones indescriptibles.
De repente todo cesó. Entonces la bella durrmiente sugirió:
- Amor, sigue por favor, quiero más.
-Amor- la calmó él-, ya está.
-¿Cómo que ya está?
- Ya encontré el control remoto, sigue durmiendo.

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